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domingo, 27 de septiembre de 2015

Critica a Tales From Topografic Oceans de Yes

Aquí mi critica a Tales From Topografic Oceans de Yes, aparecida en una revista de cuyo nombre no quiero acordarme: 

Es curioso pero cuando oí por primera vez Tales from topographic de Yes, me quede dormido después de 30 minutos de haber puesto su primer cd, años después me enteré que a Phil Collins le había pasado exactamente lo mismo al momento de su primer lanzamiento en vinilo.

Probablemente en su momento despertó mucha atención esperando que fuera una continuación a su ecléctico y vanguardista trabajo en Close to the Edge del año anterior, y al comenzar oírlo es claro que el énfasis esta puesto en la nitidez y claridad del sonido en la grabación, logrado en parte al grabar las voces en una especie de sala de baño de azulejos o cerámicas, y si bien los discos de Yes siempre habían contado con esta claridad, cosa realmente meritoria para esa época si lo comparamos con los álbumes de sus contemporáneos, es en Tales que se hace más evidente la dedicación para lograr ese efecto cristal y brillante. 


El primer track, Down of the Light, contiene los que debe contener en sus primeros siete minutos, pero luego de la explosión del sólo de teclado de Wakeman tras el primer redoble de tambores del nuevo baterista, comienza a hacerse innecesariamente largo y redundante, luego de lo cual nuestra atención se apaga. Pese a los complicados fraseos de la Gibson de Steve Howe, no logran mantener nuestra atención, hasta llegar al segundo sólo de teclados de Wakeman que nos despierta del estupor, no obstante, sólo por unos segundos, para luego sumergirnos nuevamente en una latania casi religiosa, hasta que finalmente la canción termina de un modo similar a como comenzó, algo que ya habían hecho con Close to the Edge, y que aquí ya resulta un tanto predecible.

Su segunda canción también de 20 minutos, resulta más aun más suporifera que la anterior, sumergiendonos en una especie de mantra que nos aleja definitivamente de cualquier definición de rock, para ser la que posiblemente ha llegado a ser la pieza más auto-indulgente de una banda de rock. Los coros al unisono de Squire y Anderson son aquí al equivalente a una sobredosis de valium, que verdaderamente llega a sumergirnos en las profundidades topográficas del sueño.

Pasando a la tercera canción, da la impresión que las tres cuatras partes de éste sólo son ruido de relleno, con uno de los más horribles sólos de percusión jamás registrados, probablemente lo único rescatable son sus últimos 7 minutos en donde Steve Howe y Jon Anderson logran entregarnos una bucólica y pastoril canción acústica de corte medieval, que nos vuelve a situar en el planeta tierra. 

Los últimos 20 minutos lo ocupará Ritual, que nos trae de vuelta a un Chris Squire que había estado un tanto ausente durante el resto del disco, con muchos de sus más memorables sólos para la banda. Probablemente podría disputar con el primer corte de uno de los temas mejor construidos del disco, y es difícil descartar algún segmento de este como irrelevante ya que cada uno de ellos nos ofrece un pilar dentro del la construcción del todo, a diferencia de los dos cortes anteriores absolutamente irrelevantes y repetitivos.

En definitiva, Tales resulta un disco pretencioso, y demasiado extenso, que perfectamente podría haber sido acotado a 45 minutos de música, pero que por la pretensión de competir en excentricidad y duración, a fin de ir más allá de las epopeyas de sus contemporáneos, pierde la frescura y originalidad de su álbum anterior, resulta en cambio, abrumador y superfluo.

La salida de Bill Bruford se nota en demasía en relación a la química de sus trabajos anteriores, y antes donde la percusión precia darle fluidez al resto de la banda, aquí lo Beatlesco y tradicional de un Alan White resulta una marcha forzada y mecánica, diluyendo la música en momentos aislados e inconexos.

De allí que no es de extrañar que tras su gira Rick Wakeman decidiera salirse de la banda, cansado de todo este despliegue de pomposidad vana y sin contenido sustancial, sin embargo para emprender un proyecto solista que no tenía nada que envidiar a la auto-indulgencia de Tales, irónicamente hablando.

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